domingo, 29 de diciembre de 2013

Monólogo de Don Quijote (3)

Y mi ansia de gloria es infinita. Otros presumen de buscar la gloria, pero solo luchan por su propia honra y beneficio. Lo que cuesta poco se estima menos. ¿Por qué hace esto? -se preguntan los esclavos. Ellos no entienden ni podrán entender nunca acerca de reparar abusos e injusticias ni de fustigar ramplonerías. ¿Qué irá buscando?, dicen. ¿Dónde está su beneficio? ¿A qué aspira? ¿En qué y dónde puedo poner el atractivo de mi vida? No han aprendido que debemos ayudar sin esperar nada a cambio, tenemos que liberar galeotes precisamente porque no nos lo han de agradecer; si contáramos de antemano con su agradecimiento, nuestra hazaña carecería de valor. Quienes no han tenido el gran honor de recibir la orden de los caballeros andantes, estos bachilleres, curas y barberos que embotan nuestros campos no están capacitados para entender de generosidad, de heroísmo, de locura. Viven presos de la vieja lógica que los aprisiona y no les permite ver más allá. No se enteran. Esa es su cárcel y su condena. No me tragan, no pueden perdonarme que mi vida de locura los humille y denuncie el sinsentido de su miseria cotidiana. Corazones amonedados en esta vida material, que se nutren de dinero y no quieren ser redimidos y llegar a ser capaces de contemplar otro reino espiritual. Sólo saben lo que les han enseñado: la tradición, la ramplonería, la mezquindad. Vegetan en su mundo de sombras, de medallas, de placeres, de luchas por el poder, que son las vendas que tienen en los ojos y les impiden ver y desear salir del engaño hacia la luz. Viven confundidos y quieren alcanzar el cielo sin haberlo ganado, pero quien no conoció la inquietud, jamás conocerá el descanso. No me gustaba, no me satisfacía la vida que llevaba hasta ahora en mi caverna dorada. Necesitaba algo nuevo en lo que creer y por lo que luchar. Algo que me trajera la alegría de vivir y que diera sentido a mis días. He huido, he podido escaparme del rebaño en el que me encontraba y dentro del que no sé si vivía durante más de treinta años. Al fin he logrado ser el dueño de mi naturaleza gregaria y he comenzado a ser yo mismo. No quiero hablar a todos, a la sociedad. ¡De qué serviría! Te hablo a ti, a ti solo, a tu personalidad más que a tu espíritu gregario. Quiero escuchar tu eco. Quiero unir mi voz al cántico mágico del universo. Dice el filósofo que somos sociales, que el ser humano es un ser que tiene que desarrollar su vida dentro de una sociedad, para lo cual está dotado del don de la palabra. Tal vez tenga razón, no lo sé. Yo no lo entiendo y he sentido la necesidad de huir para ser yo, para encontrarme. Me irrita ese espíritu “social” que yo veo borreguil. Los borregos sólo sirven para el matadero. He querido ser yo dentro de la llamada sociedad, tener mi propia personalidad, pensar, sentir por mí mismo, que lo que vibra dentro de mí me pertenezca, pero siento que no lo he conseguido. Fuerzas no controladas por mí quieren arrastrarme a que siga la corriente, y si me resisto, porque quiero ser diferente, porque sé que tengo el pelo verde, diferente a los demás, se burlan, se ríen en mi presencia, y con engaños pretenden conducirme de nuevo al redil. No quiero ser una oveja más; soy abeja capaz de producir miel propia de las libaciones de todas las flores que voy encontrando en mi camino. Sí, tengo el pelo verde. Cuando no haces lo que hacen los otros, tienes el pelo verde, eres diferente. Estoy contento con este pelo. Muchos me miran con recelo y rencor. Les gustaría encerrarme en algún lugar oculto a sus ojos. No pueden sufrir mi presencia por más tiempo. Les hace daño. Otros prefieren dejarme “con sus cosas”, como al loco del pueblo. ¿Seré yo acaso el loco de este lugar desconocido de La Mancha , del que nadie quiere acordarse? Estoy loco porque estoy solo en esta empresa. Estoy loco de amor. Necesito esta locura para comprender y amar el bien. Una locura deja de serlo en cuanto se hace colectiva, de todo un pueblo, de todo el género humano. En cuanto una alucinación se hace colectiva, se hace popular, se hace social, deja de ser alucinación para convertirse en realidad. Mi locura es un poco extraña. ¿Parezco loco o cuerdo? ¿Es cuerda esta clase de locura? No, no se considera fanatismo nada que esté reglamentado, encauzado y dirigido por bachilleres, curas, barberos, canónigos, duques y… Todo lo que esté coronado por un pendón de fórmulas lógicas. ¡La maldita lógica! ¿Adónde nos lleva? El maestro Fedro, que tampoco podía hablar claramente nos enseña, a través de fábulas, cuatro tipos de locura, de esta locura divina que libera al alma de la prisión de la costumbre. Existe una locura profética, inspirada por Apolo; una segunda locura iniciatoria, influida por Dionisos; la locura poética suscitada por las Musas; y la locura erótica soplada por Afrodita y Eros. Yo tengo una única ambición: poder ser un poco libre, respirar para vivir y conseguir la libertad que amo y antes no conseguía. Necesito este poco de libertad para poder ser yo, yo mismo y no uno más del rebaño que sigue a algún tipo de carnero. Mi anhelo es recuperar lo humano de mí, encontrarme a mí mismo en unión y armonía con la naturaleza. Tengo hambre desmedida de cielos sin conquistar. Esta ansia de libertad, esta divina locura, me ha lanzado a los caminos lejos de las cárceles de la tradición y de la ignorancia. No quiero ser barbero ni bachiller. Quiero romper los lazos opresores de mi ser, deseo viajar y conocer tierras y gentes nuevas Siento que lo tengo complicado, arduas dificultades me salen al paso, pero no me asusta el riesgo, y menos aún el esfuerzo. El esfuerzo por ser yo es lo que más satisfacciones me produce. Estoy dispuesto a penetrar en los infiernos, si después descubro las mieles de la gloria. Bien sé que la oscuridad de la noche prepara la luz del alba. No puedo ser egoísta. No quiero quedarme para mí solo las gratificaciones que voy descubriendo. Os enseñaré a ser caballeros andantes. Un caballero andante lleva siempre el cielo consigo. Es cierto que a esta gloria se le adhieren retazos de purgatorio, pero es para reconocerla y disfrutarla con más plenitud. Los trabajos y desventuras que se pasan, tomándolas por penitencia, en dos paletas te ponen en el cielo. No puedo sentirme libre ni una pizca, si no son libres los que viven a mi lado. Y este es otro problema. Si ellos me consideran un bufón, no conseguiré más que hacerlos reír. Tampoco me importa hacer reír a la gente. ¡Estamos tan faltos de risa! Me persiguen porque veo lo que ellos no ven, y están dispuestos a arrebatarme la vida. Y yo no sería el primero en sufrirlo. Hay que arrancar de raíz toda clase de malas hierbas y de malos ejemplos, dicen. ¿Por qué no quieren escucharme? Trataré simplemente de mostrar mi vida, de dar ejemplo. Os entrego mi alma no mis ideas. Las razones de mi corazón más que las de la razón. Este es mi legado.

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